sábado, 28 de febrero de 2015

JONÁS, EL MISIONERO REBELDE




Cuando Dios llama a servir, es inevitable sentir temor

La obra del Señor no es fácil. ¿Imagina que sientas el llamado de  servir entre los Kurdos de Irak o Siria? Allí se libra una guerra a todo o nada entre kurdos y asesinos del Califato Islámico, Isis o Daesh. Estos fanáticos violan, torturan, crucifican, empalan, roban niñas y las venden como esclavas, deguellan a todos los enemigos, procuran imponer un islamismo terrorista donde el odio motoriza la guerra santa. ¿Irías allí a predicar el evangelio? Esa gente necesita más que nunca el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Tal vez sí, quizás no. ¿Cuántos misioneros cristianos hay actualmente en Kurdistán y Siria? Ignoro. Ahora, un detalle muchas veces dicho, por militares que se entrenan precisamente, para controlar el miedo que paraliza: El temor o miedo, dicen ellos, si se controla, es saludable. Evita que nos volvamos temerarios, agudiza el ingenio, nos pone más atentos, nos hace prudentes y nos obliga a pensar todo varias veces hasta decidir en Cristo, que tenemos que hacer. Pero Jonás no hizo nada de eso: se dejó llevar por sus prejuicios y temores y desobedeció una orden de Dios. Jonás es el ejemplo del que es convocado para la misión a un territorio hostil,  se niega a ir.









Por
Marc Pesaresi  










¿Y a Corea del Norte? ¿Viajarías? Sabes que en esa nación, si te atrapan predicando es factible que te apresen, torturen y luego maten en algún campo de concentración.  Lo mismo si debes predicar en Irán. En la nación de los antiguos Medos y Persas, el evangelio de Cristo ciertamente no es bienvenido y a sus siervos por lo general, se los maltrata con severidad. ¿Cuántos misioneros hay en Corea del Norte? No lo se, pero supongo que no muchos. En Irán hay varios algunos de los cuales están presos.

Pregunta: ¿Por qué Dios nos enviaría a lugares tan peligrosos? ¿Cuál sería el propósito de semejantes mandatos?  Bueno ¿recuerdas  a Pablo? Lo envió a Roma donde el cristianismo, por negarse a adorar al Emperador, era considerada filosofía atea digna de ser perseguida. 

Lo que sufrió Pablo en Roma ciertamente pocos en nuestras iglesias lo han tenido que padecer. Prisión, maltrato, burlas; Incluso tuvo una muerte muy cruenta. En cuanto a no testificarles a los incrédulos, por si alguien pregunta, permíteme recordar que Cristo nos dio una gran comisión. Ir por todo el mundo predicando el evangelio. No hacerlo,  es desobedecerlo. Dios envía obreros donde hacen falta según su voluntad. Recuerdo el caso de una cristiana chilena que estudiaba en el Instituto Bíblico Bahía Blanca, en el sur de la provincia de Buenos Aires en la década del ochenta. Un día me comentó que deseaba ser misionera en naciones musulmanas en África. La mire extrañado: la meca de los protestantes del sur de Argentina era en esos días Estados Unidos o Europa pero ¿el norte de África? No estaba en agenda de nadie más que en la de ella.

Esta muchacha, tímida y reservada, sintió el llamado y partió tras su destino. Un caso extremo de amor misionero. Dejó todo atrás por amor a Cristo. Su nombre es Helen y cada tanto las iglesias de la UEA en Patagonia Norte hacen colectas para enviarle ayuda a ella y a otros misioneros más. Por supuesto, a veces Dios no te saca de tu país sino que te envía por los barrios. Aún así, muchas veces ni siquiera queremos testificar a los que están cercanos a nosotros. ¿Por qué? Servir suele provocarnos rechazo. La gente es dura y lidiar contra ateos, incrédulos, paganos, no es nada natural. Sin embargo, si te decides a testificar, Dios te dará fortaleza, sabiduría y protección.

Pero Marc, muchos misioneros y siervos han sido muertos ¿cómo que Dios nos habrá de proteger? Habría que analizar caso por caso de los misioneros muertos a ver si lo fueron en actos de imprudencia o solo por testificar  y servir. (1) De todos modos, cuando salimos a las calles, aún de nuestra vecindad a testificar, sabemos que partimos más no tenemos certeza de regresar. Lamentablemente en este mundo cruel e injusto, la muerte viene acompañando la vida y en algún momento nos la habrá de reclamar. De modo que, al sentir el llamado y la convicción para llevar a cabo alguna tarea, a pesar que toda la carne tira para atrás, hay que obligarse a caminar hacia el destino que esta preparado para todos nosotros desde antes de la fundación del mundo.

Pero ¿qué si nos negamos? Bueno, negarse tiene consecuencias. Los invito a abrir  la Biblia en el libro de Jonás con el fin de rescatar la historia de un hombre que fue enviado por Dios a una ciudad importante de la antigüedad y se negó a realizar la tarea que le fue encomendada.

¿Quién fue Jonás?

En hebreo יוֹנָה ("Yōnā") "paloma"; en árabe يونس ("Yūnus"). Profeta de Dios en el Antiguo Testamento y del Tanaj judío, quinto entre los profetas menores,hijo de Amitai. Un nativo de Gat-Efer (2 Reyes 14:25) que vivió bajo el reinado de Jeroboam II quien, según 2 Reyes 14:24, “hizo lo malo ante los ojos de Jehová”. Durante este periodo histórico, 900- 607 a C.; el Imperio Asirio se estableció como potencia en Medio Oriente. Con Nínive como capital, comenzó a conquistar territorios vecinos aproximadamente en tiempos de la división del reino de Israel luego de la muerte de Salomón. Cuando Jonás fue profeta, Asiria era una amenaza muy seria para la independencia de Israel.

Asiria fue un imperio cruel con los cautivos que tomaban en sus múltiples guerras tanto, que su fama de excesos y brutalidad nos ha llegado en abundancias de testimonios. Esta inmisericordia fue una de las causas por la cual el profeta se negó a viajar al centro administrativo enemigo. Jonás es ejemplo del misionero rebelde que se resiste a ir donde Dios lo envía. Los asirios eran de temer: disfrutaban conquistando, incendiando ciudades, deportando a su gente, gustaban torturar a los prisioneros, violar sus mujeres y niñas, esclavizar, mutilar, degollar, decapitar, sus crímenes no tenían comparación con los practicados por pueblos vecinos. Era tanta la maldad que en tiempos donde el asesinato estaba bien visto, los asirios era temidos como verdaderos demonios.


 Plancha de bronce donde se observa a soldados del rey asirio Salmanazar III
mutilando un prisionero

Empalamiento de egipcios en 664 a C
Durante la conquista de la ciudad de Tebas

Palacio de Senaquerib en Nínive
Se observa a matarifes asirios desollando vivos a los prisioneros

Grabado que muestra el modo asirio de contar bajas enemigas
Se cortaban las cabezas y se las presentaban a los escribas

También es ejemplo para todos los cristianos quienes, sabiendo que Dios los ha convocado para llevar el evangelio a todas partes, se pasan los días de su vida cristiana asistiendo a las iglesias colaborando en la obra muy poco o bien, en nada. Jonás fue un profeta rebelde a Dios puesto que se negó en principio, a viajar a Nínive, capital de los Asirios, a predicar su destrucción si sus habitantes no se arrepentían de sus pecados.

Razones por las que Jonás fue enviado a Nínive
¿Quién gobernaba Asiria en los días de Jonás?

Jonás, quién sabía del peligro que significaba Asiria para la seguridad de Israel, ciertamente no tenía ninguna intención de ayudar al contrario. La monarquía asiria era cruel y ambiciosa y había comenzado bajo el reinado de Salmanasar II (860-825 a C) a “talar a Israel”.  De ahí que, al recibir el mandato de ir a Nínive intuyó acertadamente, que Dios tendría clemencia del pueblo que más odiaba. Simplemente, se negó a obedecer la orden y partió desde Jope, puerto en el Mediterráneo, hacia la lejana Tarsis; probablemente la actual España. Jonás quería viajar lo más remotamente posible de los enemigos. Sin embargo Dios se lo impidió. ¿Por qué? Buena pregunta. Las razones del Señor ciertamente son difíciles de entender.

En lo político a Dios le pudo interesar demorar el ímpetu conquistador asirio para atender asuntos en Israel y de paso, demorar inclusive, la derrota de Babilonia, ciudad vital para cumplir los planes de Dios sobre los israelitas rebeldes. Por ejemplo, el monarca que reinaba en Asiria durante la visita de Jonás fue Adad-Nirari III (808-783 a C.) quien  prosiguió la política expansionista de sus antecesores. Si bien en un principio de su reinado se declaró a favor de la lucha armada contra Babilonia en una guerra de dos años, donde casi estuvo a punto de apoderarse de la gran ciudad de la Mesopotamia, en el transcurso de la misma ocurrió algo raro.

Adad-Nirari III detuvo la guerra contra los babilonios y celebrando paz con ellos, liberó al monarca babilónico Baba-akh-Iddina; capturado años atrás; permitiéndole el regreso junto a numerosas estatuas de dioses y familiares. Esta actitud de generosidad fue muy apreciada por los libertos quienes en gratitud, darían luego apoyo en las guerras  asirias contra los pueblos que se negaban a someterse. Que un monarca asirio tuviera piedad implicó que Babilonia sobreviviera como estado un tiempo más. (Posteriormente Dios utilizaría a los babilónicos como pueblo que habría de castigar la contínua desobediencia de los hebreos de Judá).

Por supuesto, el escéptico o ateo podría argumentar que la conducta de Jonás pudo motivarse por interés político; al  ser un funcionario de la corte hebrea, bien que pudo estar interesado en conseguir beneficios para su país. Después de todo, durante el reinado de Jeroboán II, Israel alcanzó su cúspide como reino independiente.

Sin embargo, los creyentes vemos la mano de Dios moviendo los hilos de los destinos de las naciones. De modo que este relato ayuda al creyente de la actualidad a pensar que Dios nunca deja nada librado al azar. Contrario a lo que piensan y creen los ateos para quienes el mundo no es más que producto de la casualidad y el origen de la vida una muestra de la continua prueba y error a la que recurre la naturaleza para desarrollar vida material, los creyentes pensamos que Dios lo controla todo de modo tal, que todo aquel que es convocado a servir, si hace la tarea con corazón sincero, no puede pasar por esta vida sin dejar frutos de buen sabor.

¿Fue Adad-Nirari III el rey que visitó Jonás? 

Estela de Adad-Nirari III

Es probable. Fue un líder atípico, capaz de gestionar alianzas estratégicas, perdonar adversarios y administrar con precisión los asuntos de su reino.  La Biblia dice que, al oír las prédicas de Jonás, los habitantes temieron y oyeron a Dios incluyendo al rey quien dio órdenes de proclamar humillaciones y ayuno tanto de personas como de animales. Esto demuestra que el Dios de los Israelitas era conocido y temido en Medio Oriente. Por supuesto, Jonás que tenía genio fuerte se apesumbró del acto piadoso y se enojo hasta "la muerte"; porque luego de tanto “esfuerzos” de su parte, finalmente la ira de Dios contra los enemigos no se derramó como él pretendía.

Historicidad del libro de Jonás

Durante años hubo mofa bulliciosa contra este relato bíblico. Se lo acusó de fantasioso –la escena de un gran pez mal llamado ballena tragado a Jonás ciertamente no parece algo posible- y de mentir descaradamente  puesto, argumentaron muchos, Nínive nunca pudo ser de un tamaño tan extenso que su recorrido demandaba tres días de caminata. Con el tiempo, las palas de los arqueólogos desenterraron evidencias que confirmaron su extención; estaba rodeada de barrios o localidades suburbanas más allá de la protección de las murallas principales.

Algunas objeciones han sido presentadas. El autor del libro esta en discusión. Si bien es cierto que en ninguna parte de informa que Jonás escribió su experiencia, la tradición opina que sí lo fue. Aún así, no pocos eruditos de la Alta Crítica lo presumen un relato post exílico. Otros ven en la presencia de arameísmos, un indicio de "juventud" en la redacción. Se infiere que el arameo no estaba tan extendido en la época asiria. Estas discrepancias se explican con nuevos aportes en las investigaciones. Por ejemplo, el estudio del lenguaje urgarítico ha confirmado que muchas palabras que se ubicaban en tiempos recientes, son en realidad más antiguas de lo que se presumió en principio. Finalmente, la crítica a la redacción en tercera persona queda respondida cuando se observa que muchos escritores bíblicos y otros del pasdo, escribían de este modo. (Jeremías 20:1,3; Daniel 1:6-11; Jenofonte, Julio César, entre otros)

¿Puede un “gran pez” tragarse un ser humano? 

Ballena Franca Austral
Puerto del Este
Foto 
Marc Pesaresi
Sin duda, es "un pez" muy grande.
Pero la Biblia no especifica.
De modo que nos queda para siempre la incógnita de saber que animal fue.

 Este croquis da idea del tamaño de una ballena comparada con el hombre

Buena pregunta: Dependiendo que tipo de “pez” yo diría que si. Ahora si sobrevive o no, es otra cosa. Vivo actualmente a orillas del Golfo San Matías en la provincia de Río Negro. Cada año tenemos las visitas de numerosas ballenas francas. He visto ejemplares donde un hombre podría ser tragado sin ningún inconveniente. Por supuesto, dependerá del tamaño y peso del individuo pero, no tengo la menor duda que un animal tan grande como una ballena franca, tenga dificultad si decide engullir una persona. Ahora bien: la Biblia no habla de ballena sino de un “pez grande”. Sea cual fuera esta especie marina que aparece en el relato, era de considerable tamaño pero no está identificada.

¿Pudo ser el "gran pez" del relato de Jonás una ballena franca del Atlántico Norte o alguna otra especie? Esta ballena "prima" de la franca austral hoy casi extinta - no quedan más que 400 ejemplares y le corresponde el "honor" de acabarla a los pescadores vascos - llamada Eubalaena glacialis o ballena de los vascos, debió ser muy numerosa en tiempos de Jonás -800 a C.- incluso en el Mediterráneo buscando su alimento. De hecho, se sabe que hace 14.500 años atrás, las ballenas eran parte de la dieta de los antiguos ibéricos, específicamente, quienes vivían en inmediaciones de la actual ciudad de Málaga. Sin embargo existen otros grandes animales marinos que pudieron ser el "gran pez" que menciona la Biblia.

¿Qué especies frecuentan el Mediterráneo que pueden considerarse "pez grande"? 

 Mar Mediterráneo
Gentileza
María del Mar Otero, Michela Conigliaro
Centro de Cooperación del Mediterráneo de la UICN, España

 Gentileza
María del Mar Otero, Michela Conigliaro
Centro de Cooperación del Mediterráneo de la UICN, España

Gentileza
María del Mar Otero, Michela Conigliaro
Centro de Cooperación del Mediterráneo de la UICN, España

 Gentileza
María del Mar Otero, Michela Conigliaro
Centro de Cooperación del Mediterráneo de la UICN, España

Gentileza
María del Mar Otero, Michela Conigliaro
Centro de Cooperación del Mediterráneo de la UICN, España

¿Murió Jonás en el interior del pez? 
La leyenda de James Bartley
El  hombre que sobrevivió a ser tragado por un cachalote

Algunos dicen que si, otros que no. Según las Escrituras, Jonás fue citado por Jesucristo como cuadro profético se su propia resurrección al tercer día (Mateo 12:40). Si Cristo tuvo que morir para resucitar, Jonás bien pudo fallecer. Otros, como mi colega Carolina Alfaro, es de la idea que estuvo vivo y cuidado sobrenaturalmente por Dios ya que la Biblia no menciona que fuera resucitado. 

La palabra de Dios  dice “entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez” (Jonás 2:1). Esto nos da la pauta que estaba vivo. Además, fue Dios quien “preparó” al pez para que tragase a Jonás luego de ser arrojado al mar, en cuyo apestoso estómago estuvo “alojado” tres días con tres noches. (Jonás 1:17). Que Dios mismo prepare algo en especial implica una actividad fuera de lo común. Aquí lo natural se subordina ante el poder sobrenatural  con el fin de cooperar con el Creador. 

Existe una historia referida a un marino ballenero que fue tragado por un cachalote en inmediaciones de las Islas Malvinas -que pertenecen a Argentina y fueron usurpadas por el colonialismo inglés hasta el día de la fecha- de quien se dice logró sobrevivir luego de ser devorado vivo. María Cielo Aguilera narra así la historia:

 Gentileza
Blog
Sobre Leyendas
(Para acceder, click AQUI)

Dudas sobre lo ocurrido a James Bartley

El crítico del cristianismo fundamentalista Edward T. Babinski asegura que lo sucedido a Bartley es dudoso e incluso va más allá: duda que el caso de Jonás fuera real. Cita por ejemplo, la incredulidad de C.S.Lewis con respecto a la veracidad de lo sucedido a Jonás a contrapelo incluso, de las palabras de Jesús quien refirió el hecho como real. 

Un profesor de Historia de Ciencias, también crítico del cristianismo, llamado Edward Davis también es de la opinión que el caso no existió. Este hombre, de cuál algunos dicen que realizó "la investigación definitiva del caso" llegó a la conclusión luego de una "exhaustiva" investigación que tal evento no ocurrió. (En este punto me detengo a hacer una reflexion: ¿De qué hechos habla Davis? Ciertamente el no estuvo a bordo del The Star of the East como para certificar sin sombras de dudas si tal cosa fue o no verdad. Se ha valido de testimonios de periódicos y de una carta de la viuda del capitán del ballenero llamada John Killam donde la mujer asegura que su esposo jamás perdió un marinero mientras navegó. Su historia fue publicada por el diario The Expository Times en 1907). (Davis dice que efectivamente, un barco llamado The  Star of the East existió pero no era ballenero y en los listados de la tripulación no aparece el apellido Bartley. Esta es una objeción seria que amerita a los creyentes del caso, una mayor investigación).

 Dibujo de época que muestra a Bartley en el interior del cachalote

Frente a esto cabe preguntar: ¿Estuvo la esposa del capitan embarcada en todas las campañas de pesca como para testificar sin sombras de dudas que del barco que capitaneaba su marido nunca cayó nadie por la borda a pesar que se dedicaban nada menos que a  la pesca de ballenas en todos los años que duró el oficio? ¿De qué modo se puede comprobar una historia como esta sin ningún registro de lo ocurrido más que el testimonio oral? ¿Existieron dos barcos con el mismo nombre? Davis dice que el barco donde presuntamente embarcó Bartley no era ballenero. Muchas preguntas aún por responder. Lo que no se  puede dudar es que, en el Mediterráneo en días de Jonás, había numerosas especies de "peces grandes" como para tragarse a un ser humano.

Yo que he sido marino pescador, tengo un montón de historias sobre eventos sucedidos en alta mar de los cuales solo puedo proporcionar testimonio oral, debido a que, la única cámara que había a bordo del Don Valentín que era de mi propiedad, se le había acabado el rollo de 24 fotos. ¿Cuántos hechos graves sucedidos a bordo son comentados por los capitanes a sus esposas? Creo que la prueba definitiva para acabar con las dudas si un "gran pez" puede o no tragar a un hombre y este sobrevivir, es recrear científicamente las condiciones que existen dentro del estómago de varias especies de grandes ballenas, meter un voluntario adentro y ver que ocurre. Pienso que Paul Rosolie estaría encantado de someterse a tal prueba de supervivencia.
Según M. de Parville, editor del Journal des Debats, escrito en París en 1914:
“De repente, los marineros se asustaron por los espasmos que daba el estómago del animal. Había algo que daba señales de vida. En el interior se encontró incosciente al marinero James Bartley. Fue colocado en la cubierta y tratado con baños de agua de mar hasta que despertó…” 
Las declaraciones de Bartley tras su completa recuperación fueron sorprendentes: 
“Me percaté de que me tragaba una ballena [...] Me rodeaba un muro de carne [...] De pronto me encontré en un saco mucho mayor que mi cuerpo, pero completamente a oscuras. Palpé mi entorno y toqué a diversos peces. Algunos parecían estar vivos pues se escabullían por entre mis dedos [...] Sentí un fuerte dolor de cabeza y mi respiración se hacía muy difícil. Al mismo tiempo sentía un calor que me consumía. Un calor que iba en aumento. 
En todo momento estuve convencido de que iba a morir en el estómago de la ballena. El tormento era irresistible y el silencio allí era absoluto. Intenté incorporarme, mover los brazos, las piernas, chillar. Pero me resultaba imposible, sin embargo mis ideas estaban perfectamente claras y la comprensión de mi situación era plena. Por fin, gracias a Dios, perdí el conocimiento”  
Otros dicen que la historia se originó en un artículo anónimo "Hombre en el estómago de una ballena / Rescate de un Jonás moderno" en la página 8 del 22 de agosto 1891 número del periódico Yarmouth Mercury de Great Yarmouth en Inglaterra. La historia como se informó es que durante una caza de ballenas en inmediaciones de las Islas Malvinas, Argentina, el bote donde cazaba Bartley fue atacado por la ballena y este cayó en el interior de la ballena boca. Se decía que sobrevivió durante 15 horas y también se dijo, que su piel se había blanqueado por los jugos gástricos que además, lo dejaron ciego.
El científico francés, de Parville, publicó un informe del supuesto incidente en el Paris Journal des Débats en 1914. Más recientemente, los hechos han sido investigados cuidadosamente por el historiador Edward Davis, quien señaló muchas inconsistencias. Ahora bien, ciertamente existió una nave con ese nombre que  navegó durante el tiempo que presuntamente ocurrió el hecho en inmediaciones de las Islas Malvinas argentinas pero no era un barco ballenero y en su lista de tripulantes no figura Bertley.
Por otra parte la señora de John Killam, la esposa del capitán, escribió una carta diciendo que "no hay una sola palabra de verdad en la historia de la ballena. Yo estaba con mi marido todos los años que estaba en la Estrella de Oriente. Nunca hubo un hombre caído por la borda mientras mi esposo estuvo al mando. El marinero ha inventado una buena historia de mar". Davis, como todo escéptico, rebuscó explicaciones y luego de encontrar una historia sobre un cachalote, ha sugerido que este cuento pudo haber sido inspirado por la "ballena Gorleston", un rorcual muy grande asesinado por locales en inmediaciones de Great Yarmouth en junio de 1891, hecho que generó una gran cantidad de publicidad. 
¿Por qué perdonó Dios a los asirios?

Por misericordia. La gracia de Dios está implícita en el relato último donde se menciona a la calabacera bajo cuya sombra, Jonás buscó refugio contra el ardiente sol. “Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay mas de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” (Jonás 4:10,11). (Las personas que no disciernen derecha de izquierda son bebés).

Conclusión

Cuando Dios nos llama a servir, ciertamente sentiremos aprensión. Algunos, como en mi caso, emularemos a Jonás y saldremos para otro rumbo. Sin embargo, solo retardaremos la voluntad divina y nos ganaremos pesares extras. Dios te llama  y es verdad que asusta un poco servir, pero confiemos que el Señor nunca nos habrá de dar alguna  tarea que no podamos realizar. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.


________________________

1. ¿Hasta cuando se debe soportar al malo? Depende de cada situación. El cristiano debe tener criterio a la hora de decidir si va a aguantar maltrato o no.

Recuerdo un caso en el barrio Parque Patagonia de Bahía Blanca. El misionero tenía muchísima paciencia con un ebrio de lugar. Lo cuidaba y alimentaba. Tenía puesta la esperanza en su conversión y cambio definitivo de actitudes. Sin embargo, los años pasaron y el hombre como si nada. Seguía en el vicio y cada vez peor. El misionero gastó muchas energías por años, un  tiempo valioso en un hombre que solo se arrimaba a la iglesia por interés y nada más. Nunca estuvo receptivo a la Palabra de Dios que lo podía quitar de la miseria en que estaba su vida.

Recuerdo el caso de mi propio padre. Por mucho tiempo negó que se lo evangelizara. Sin embargo, como 20 años después de orar por él y hablarle con paciencia, se tornó receptivo tanto, que aceptó a Cristo como Señor y Salvador de su vida. Antes de morir, alcanzó a entrar al Reino de los Cielos. Mi padre nunca maltrató a nadie. Sin embargo, tenía desdén por el cristianismo. Pero Cristo le tuvo misericordia y lo convocó. 

© Marc Pesaresi

miércoles, 18 de febrero de 2015

LA TIERRA NO SE MUEVE, ASEGURA CLÉRIGO MUSULMÁN



"La Tierra está quieta, no se mueve"
afirma el clérigo musulmán saudita
SHEIJ BANDAR AL JAIBARI


Al Arabiya News  da cuenta de sorprendentes declaraciones de un clérigo islámico para quién la Tierra no se mueve. La afirmación, ilógica e irrisoria, demuestra que la teología islámica aún no ha abandonado la Edad Media. 
"A los 451 años del nacimiento de Galileo Galilei, aún hay quien rechaza el movimiento de la Tierra alrededor del Sol que le costó al astrónomo italiano ser juzgado por la Inquisición. «(La Tierra) está quieta, no se mueve», asegura el clérigo saudí Sheij Bandar al Jaibari, dando lugar a una oleada de críticas y burlas en las redes sociales, según ha informado la cadena panárabe Al Arabiya. 
Al Jaibari respondió así con aparente seguridad a un joven estudiante que le preguntaba sobre esta cuestión e intentó respaldar su teoría con documentos religiosos y con lo que calificó como una «deducción lógica». Para su explicación se apoyó en una demostración práctica con un vaso se agua. «¿Dónde estamos? Nos dirigimos al aeropuerto de Sharjah para viajar a China en avión ¿Está claro?», dijo explicando su punto de partida. «Ahora fijaos, esto es la Tierra», indicó a sus alumnos, señalado un vaso de agua.
Al Jaibari sostuvo que si el avión se parara en el aire «China seguiría avanzando hacia él», en el caso de que la Tierra se moviera en una dirección, mientras que si lo hiciera en la contraria el avión nunca llegaría a China «porque también se estaría moviendo».
Galileo fue acusado de herejía, precisamente, por defender el modelo heliocéntrico propuesto por Copérnico, en el cual la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol. En 1992 el Papa Juan Pablo II cerró el llamado «caso Galileo» reconociendo los errores de quienes le condenaron. «Galileo fue más perspicaz que los teólogos que lo condenaron», señaló el Pontífice.". (Para acceder a la nota en  ABC, click aquí). 
Al Jaibari
"La tierra no se mueve"

lunes, 9 de febrero de 2015

PRESUNTA APARICIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN LA BATALLA DE TUCUMÁN




Aparición de la Virgen de la Merced

¿Visión Mariana o ilusión óptica?

  


A Isa, que ama a la Virgen

República Argentina

1812

Contexto

1812 fue un año difícil para el gobierno del Primer Triunvirato de Buenos Aires integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Pazos, a quienes asistían como secretarios de Guerra, Bernardino Rivadavia; de Gobierno, José Julián Pérez y de Hacienda, Vicente López y Planes.

En lo político, la situación era muy complicada con múltiples conflictos a solucionar tanto en lo interno como con el exterior. Recordemos que por entonces, Argentina no se había independizado de España sino que aún faltaban cuatro años para declarar su dependencia. Por supuesto, España no se quedaba de brazos cruzados y  pretendía, desde Perú, reconquistar el cono sur de Sudamérica.

Por
Marc Pesaresi


En esos días, había fuertes intenciones de separatismo. Por ejemplo: si bien los gobiernos locales que se habían sucedido desde la revolución de mayo de 1810 –cuando se destituyó al Virrey Cisneros-  
hasta la fecha afirmaban gobernar con autonomía mientras perdurara el control napoleónico de España, no es menos cierto que muchos sudamericanos maduraban la idea de la emancipación y vieron la invasión de Napoleón a España una magnífica oportunidad para llevara adelante un plan independentista.

En lo social, la gente del país vivía de lo que siempre había vivido. Contrabando y comercio de los frutos del país. En lo geográfico, grandes regiones del país aún estaban bajo el dominio de tribus indómitas o de caudillos regionales.

Un detalle importante: El 9 marzo de este año, llegó a Buenos Aires proveniente desde Londres, un Teniente Coronel que había solicitado la baja del ejército español.  Se llamaba José de San Martín y de inmediato ofreció sus servicios. A la semana; el 16 del corriente; le dieron la orden de crear el regimiento Granaderos a Caballo. Sin embargo, este militar profesional tan importante para la historia nacional, no intervendría en combates hasta un año después.

En junio se descubrió una sublevación a cargo del comerciante vasco Martín de Álzaga quién había hecho fortuna con el tráfico de negros esclavos, armas y telas a las que contrabandeaba desde diferentes naciones del mundo. Que pretendía Álzaga con su conspiración se discute hoy día. ¿Quiso recuperar para España esta parte de sus dominios? Parece poco probable. España estaba cautiva de Napoleón y no había noticias de ninguna expedición francesa para apoderarse de los territorios americanos.¿Sospechó emancipación y decidió intervenir para evitar la separación? Es lo más probable.

¿Procuraba crear un estado independiente y contemporizar desde el poder político hasta ver el desenlace de la situación en Europa? No parece aunque, como comerciante adinerado, ciertamente era ambicioso y manipulador político. Recordemos que Álzaga en 1809 había protagonizado una asonada o intento de golpe para apoderarse del gobierno. De modo que, como golpista, tenía antecedentes además de torturador. Durante la rebelión del indígena Túpac Amaru II había hecho encarcelar a varios por presunto complot a favor de la causa aborígen y ordenado torturas para conseguir confesiones e implicar en el asunto a algunos ciudadanos de Buenos Aires y alrededores. 

La conjura fue descubierta por el aviso de un negro esclavo llamado Ventura quién se lo comunicó a su propietaria, Valentina Benigna Feijoo, el 2 de julio. A su vez, la mujer de inmediato dio parte al alcalde del barrio de Barracas y este paso el alerta sin demora al gobierno central. Las autoridades reaccionaron muy rápidas y al día siguiente, comenzaron las investigaciones. En la madrugada del 6 de julio es apresado Álzaga quien es ajusticiado pocas horas después sin derecho a un juicio. Junto a Álzaga fue ejecutado el betlemita Fray José de las Ánimas, sacerdote conocido por la sociedad porteña cuya muerte fue considerada indigna por gran parte de la población.

Entretanto, San Martín, Carlos María de Alvear y José Matías Zapiola quienes entre mayo y junio de ese año habían formado una sociedad secreta llamada Logia Lautaro, movilizaban influencias a favor de la causa independentista.  Aún hoy se discute si esta logia fue o no masona. Todo su ritual da la impresión que sí. Sin embargo, algunos opinan que si bien adoptaron las costumbres y prácticas masonas, no fue una logia masónica sino patriótica.

A favor de este parecer se encuentra el historiador masón Martín V. Lazcano quien negó el carácter masón de la logia. Mucho antes, el general Enrique Martínez, amigo de San Martín y miembro de la logia, también había negado que fuera una organización secreta con fines espirituales con intenciones políticas sino directamente política. El fin de la misma era independizar toda las Américas de Europa.Lo que si se sabe, es que podían integrarla masones, no masones e incluso, los eclesiásticos.

Su propósito, sin duda alguna, era conseguir la independencia de los estados americanos bajo tutela de la corona española. Es posible que Álzaga tuviera noticias de estos asuntos y quisiera impedir la pérdida definitiva de los territorios españoles de Sudamérica. Pero la falta de documentación por el momento,  impide certezas.

Éxodo jujeño y Belgrano “el imperdonable”

Entre tanto, el norte se había perdido frente al avance de las tropas realistas. La región del Alto Perú, el Altiplano de la actual nación hermana de Bolivia,  desde la derrota de la batalla de Huaqui en la que el porteño Juan José Castelli no pudo hacer frente a las tropas del realista  Pío Tristán quien lo superó en táctica y experiencia militar, estaba bajo control  del Virreynato del Perú fiel a España y con sede en Lima.

El Ejército del Norte, en manos del General porteño Manuel Belgrano luego del relevo de los jefes vencidos, diezmado y sin abastecimientos, estaba a punto de ser aniquilado. Fue entonces que el 23 de agosto el gobierno de Buenos Aires ordenó la retirada de toda la población de Jujuy junto con el ejército, a la que se sumaron salteños y tarijeños, hacia el centro de la actual Argentina –específicamente a la provincia de Córdoba- en un repliegue que hoy se conoce como el Éxodo Jujeño.

Civiles y militares marcharon hacia el sur, arrasando a su paso todo lo que pudiera dar cobijo o ser útil a los realistas. Fue una medida extrema nunca vista antes, en esta parte del mundo. La misma táctica habían utilizado los rusos cuando Napoleón invadió ese inmenso país.

Cuando los españoles por fin arribaron a Jujuy, hallaron la ciudad solitaria y sin habitantes. Estaba desierta, totalmente despoblada aún de animales. Los españoles no solo se sorprendieron sino que consideraron bárbara la actitud. De hecho, Pío Tristán se lamentó por carta a su superior Goyeneche  escribiendo “Belgrano es imperdonable”.

El General Belgrano, no obstante las órdenes recibidas, al pasar por Salta decidió no seguir bajando hacia las tierras centrales. Desobedeciendo, se propuso resistir en la ciudad de Tucumán. Enterado el Triunvirato de la determinación de Belgrano de esperar la invasión española en Tucumán, se mostró en desacuerdo y continuó insistiendo en retroceder hasta Córdoba. Sin embargo, se sabe hoy,  solo dos miembros del gobierno tripartito estaban de acuerdo en que Belgrano siguiera replegándose. El restante se negó firmemente a las decisiones de sus compañeros ya que pensaba a igual que Belgrano, que seguir bajando, se corría el riesgo de entregar todo al enemigo.

En este contexto fue cuando aconteció la batalla donde presuntamente apareció la Virgen de las Mercedes, combate que involucró al ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata –hoy Argentina- contra las tropas del Virrey de Perú que intentaban recuperar el control de los territorios declarados en rebeldía.

La víspera de las hostilidades

El plan español diseñado por la estrategia del realista Juan Manuel de Goyeneche era atacar en un movimiento de pinzas la ciudad de Buenos Aires y acabar con la rebeldía. Por un lado, las fuerzas alto peruanas de Tristán invadiendo por el norte.  Entre tanto, desde Uruguay, conocido como la Banda Oriental, las fuerzas de Gaspar de Vigodet con el auxilio de los portugueses de Diego de Souza completarían la pinza que buscaba arrancar de raíz los intentos de autonomía atacando por el noreste.  La situación para los patriotas era delicada. 

Belgrano -conciente del peligro- recurrió a un ardid para terminar de convencer a los tucumanos de la necesidad de prestar ayuda al ejército bajo su mando. Cuando estuvo cerca de la ciudad de Tucumán, encaró el camino hacia la provincia vecina de Santiago del Estero dando la impresión a los locales, que dejaba abandonado a su suerte a todo el territorio. Los tucumanos, que habían prestado apoyo a los patriotras desde principio de la campaña al Alto Perú, evaluaron como nefasta la llegada de tropas realistas las cuales -sin duda- aplicarían algún tipo de venganza. De modo que decidieron conservar al ejército de Buenos Aires a toda costa en la ciudad.

El ardid de Belgrano dio resultado y se vió refrendado por un triunfo inexperado. El 3 de septiembre hubo un encuentro entre la retaguardia  patriota al mando de Díaz Vélez y dos columnas realistas comandadas por el Coronel Huici. El ahora llamado combate de Las Piedras fue favorable a los patriotas quedando como resultado de la acción varios muertos realistas, una veintena de prisioneros y el propio jefe enemigo apresado.

Enterado Belgrano del triunfo que trajo un repunte de la moral, ordenó a Juan Ramón Balcarce marchar como correo hacia la ciudad de Tucumán -cuya ciudadanía estaba con ánimos de resistir la presencia española- con órdenes de reclutar y entrenar en la medida de lo posible un cuerpo de caballería de gauchos o milicianos locales; simultáneamente, envió algunas cartas solicitando ayuda y exponiendo a la vez  los riesgos que implicaba abandonar esa parte del país a los realistas, a la rica y poderosa familia Aráoz -dos de cuyos integrantes- Eustoquio Díaz Vélez y Gregorio Aráoz de La Madrid prestaban servicios bajo su mando, uno  como mayor general o segundo jefe y el otro, como teniente.Los Aráoz ni bien leyeron las misivas dispusieron todo su poder político, económico y social a favor de la causa patriota de modo que, al entrar en  Tucumán el 13 de septiembre, Belgrano encontró a Balcarce con 400 hombres -sin uniformes y armados sólo con lanzas, pero bien organizados— y a la ciudad dispuesta a ofrecerle apoyo.

Conciente que tenía en el lugar asistencia, pidió un poco más. Garantizó que se quedaría a cuidar la ciudad y dar batalla allí mismo si los lugareños le aportaban 1.500 hombres de caballería y 20 000 pesos plata para la tropa, cantidades que los tucumanos no solo consideraron razonable sino incluso poca, ya que se ofrecieron duplicarla.Los principales vecinos tucumanos fueron los encargados en alistar gentes, también sumaron caballadas y proporcionaron alimentos para los soldados y medicinas para los que estaban enfermos. Se carnearon grandes cantidades de ganado y se distribuyó la carne junto con ropas y objetos de uso cotidiano entre combatientes y civiles que habían llegado acompañando al ejército luego del éxodo. Incluso llegaron algunas partidas de las provincias aledañas de Catamarca y Santiago del Estero con el propósito de sumarse a la defensa.

Mientras tanto, el ejército realista avanzaba con dificultad, al no hallar en el terreno arrasado medios o instalaciones para cobijarse o reaprovisionarse; partidas de gauchos organizadas por Díaz Vélez los hostigaban constantemente. Eran los comienzos de lo que luego se conocería como la temible caballería gaucha y que en la actualidad, persisten, bajo el nombre  histórico de “los infernales de Güemes”.   El 23 de septiembre las partidas de descubierta o reconocimiento avistaron a los españoles a 4 leguas (20 kilómetros) de distancia, en un paraje llamado Nogales marchando hacia Tucumán.

Concientes del peligro, los patriotas dispusieron lo mejor de sí para enfrentar un peligro mayor. La población hizo acopio de alimentos y aguas porque se pensó que habría de resistir un asedio, se adecuaron algunos sitios para servir en la asistencia a los heridos, se arreo el ganado que estaba en la ruta de los realistas y se evacuaron los pobladores de las áreas peligrosas; la voz de alarma recorrió toda la región cercaba a la ciudad.


Génesis de una visión
De la Virgen María

Belgrano era un católico practicante y religioso. En divergencia con los anteriores mandos del Ejército del Norte – de ideas racionalistas y anticlericales tomadas de la Revolución Francesa- quienes durante la primera expedición armada al Alto Perú en 1810 habían cometido toda suerte de tropelías que ofendieron a una población profundamente impregnada de misticismo católico, fue conciente que, sin el apoyo de la religiosidad, sus pretensiones de triunfo se verían dificultadas. De modo que procuró donde estuvo él y sus tropas, no solo alentar la fe católica sino además obligar a que se la respete.

El día de la batalla era también el día de la Virgen de las Mercedes de la cuál era devoto. Amaneció rezándole y con él, muchas de las tropas. De modo que, desde el comienzo, los soldados fueron mentalizados con un espíritu religioso importante. A diferencia de muchos de sus oficiales, impregnados del racionalismo francés, atendía las necesidades espirituales de los soldados los cuales provenían casi todos, se las capas más humildes de la sociedad de entonces. Supersticiosos a todo lo aparentemente sobrenatural, Belgrano pronto contagió su fe a los muchachos alistados que venían de padecer desamparos y amarguras, sed y hambre, enfermedades y pobrezas.

La batalla
 24 de septiembre de 1812
"Humo, langostas y polvadera"

Amaneció despejado ese día según algunos informes. Otros dicen que había "mucho viento". Horas previas, las partidas de reconocimiento informaron que Tristán lejos de invadir la ciudad, la dejó a su izquierda, mientras costeaba una ciénaga llamada Marlopa. Sospechando que el jefe español buscaba la retaguardia, Belgrano dio órdenes de seguir las tropas españolas a distancia prudente para no ser vistos. Finalmente en el sudoeste de la ciudad, en el campo de las carreras, Tristán hace el movimiento que Belgrano había previsto.

Dobla a su izquierda y busca entrar por detrás al ejército patriota. Sin embargo, se llevó la sorpresa de su vida cuando su ejército topa imprevistamente con el patriota. Belgrano lo estaba esperando con sus efectivos formados, la caballería en dos grupos y la infantería, en cuatro columnas según recuerda el General José María Paz, combatiente en la jornada.

Tristán ordenó formar y prepararse para el combate. En eso estaban sus soldados, cuando la artillería patriota comenzó a hacer fuego impactando en las filas de los combatientes realistas. Sin embargo, las explosiones no amilana a los invasores; por el contrario, se da orden a la carga y los patriotas fueron acometidos a la bayoneta con tanto ímpetu que el choque entre ambas fuerzas fue espectacular.

La caballería gaucha, entretanto, haciendo resonar sus guardamontes y lanza remolineó unos mintuos para luego; en ristre; proceder a cargar con tanta fuerza que arrolló la caballería enemiga. Esta, superada, se batio en retirada llevándose por delante cuadros de tropas propias. Así estaba el combate cuando de pronto, el estampido de un cañonazo asusta al caballo de Belgrano y lo derriba por tierra. Las tropas al verlo caer temieron lo peor. Que una bala certera había impactado en su cuerpo. Pero, para alivios de todo, el General se repone del golpe y regresa a la acción.

Lamentablemente el triunfo de la caballería gaucha pudo ser mayor a no ser porque los guachos encontraron un convoy de abastecimientos realista y al descubrir que había dinero, se dedicaron al pillaje. No eran soldados regulares estos hombres, sino gentes de campo que entraban al combate utilizando una táctica que hoy se conoce como montonera y entrevero y carecían 

La manga de langostas

En eso que principia el combate, aparece como enviada por la providencia del Señor, una manga de langostas que ensombreció el campo de batalla. Estos insectos que procuraban eludir el ventarrón que barría el campo de batalla, sumados a la humaredas de los campos incendiados por los gauchos en las inmediaciones para crear humo y dificultar la visión realista de los acontecimientos, más la polvadera que levantaban bestias y seres humanos en el fragor de la lucha, creo tanta  confusión que pronto la visión quedo reducida al terreno que se pisaba. 

Entre tanto,  en el sector donde estaba Belgrano y su estado mayor, la batalla iba mal y las tropas españolas de infantería gracias a su mejor adiestramiento y disciplina, lograron desorganizar a los patriotas. Según rememora el general José María Paz, fue tanta la fuerza del avance realista que los patriotas se dispersaron tanto, que el mismo general Belgrano terminó en el fragor del combate, alejado del centro de la acción. Comenzó entonces unas series de refriegas donde el valor personal aunado a la mejor picardía garantizaba el triunfo. Y aquí es donde la suerte o la ayuda divina como veremos más adelante, inclinó la balanza para el lado argentino.

Quizás fue mejor que el ejército español se disgregara lo mismo que el patriota, porque de haberse mantenido el combate a la europea, seguramente se hubiera perdido la batalla. Era en la montonera –una forma particular de luchar que tenían los argentinos de esa época- donde el gaucho y sus comandantes eran excelentes  y fue así como se peleó en Tucumán. 

Los oficiales del ejército patriota viendo que su general estaba incapacitado por las distancias para ordenar las maniobras, tomaron la iniciativa y por su cuenta, organizaron nuevos combates y escaramuzas. Fue así que el mayor general Eustaquio Díaz Vélez logró alcanzar  al interior de la ciudad de Tucumán y atrincherarse a la espera de novedades del campo de batalla mientras, otros patriotas, lograron apoderarse del equipaje y de todo el parque (municiones, provisiones y caudales) del enemigo.

Entre tanto, de lado español, Pío Tristán se dio cuenta que estaba dueño del campo de batalla pero sin tener idea de donde estaban peleando la mayor parte de sus soldados. Aún así consiguió mantener algunas tropas y decidió marchar hacia la ciudad a ver si la podía tomar. Pero llego tarde. Los patriotas ya estaban allí esperándolo. Cuando intimó rendición a los patriotas allí atrincherados, estos se mantuvieron impertérritos sabiendo que el español no tenía ni municiones ni dinero.

Mientras todo esto sucedia, Belgrano entre tanto, trató  de organizar los cuadros sin mucho éxito. Vivió horas amargas mientras esperaba novedades y según algunos testigos de la acción, mientras permaneció en incertidumbre se lo notó triste y silencioso. No fué hasta el día siguiente que se dio cuenta que era vencedor. Para ese momento, las tropas alto peruanas lograron moverse con cautela y comenzaron a replegarse  hacia el norte abandonando la acción. Belgrano dispuso a Díaz Vélez que persiguiera al enemigo tratando de provocarle mayor cantidad de bajas posible. El subalterno obedeció marchando a hostigar la retirada enemiga durante casi un mes.

La visión celestial

Esta batalla si bien tuvo importancia en lo político y militar, no deja de ser curioso el hecho que tuvo implicancias sobrenaturales, como otrora tuviera Constantino el Grande en Puente Milvio o Loyola camino a Roma. Belgrano en su fe católica, no dejó nunca de imponer la religiosidad a las tropas. Quiso el destino que momentos antes de la batalla, hubiera un prodigio en los cielos, según narran las memorias que detallan los momentos del día.

En 1964 la Academia Nacional de Historia de Argentina publicó Memoria del militar don Juan Pardo de Zela, quien entonces era oficial del ejército patriota, el cuál dejó registro de lo que se observó en los cielos ese mismo día. Escribe Pardo de Zela: “Formó el ejército en línea de batalla con un horizonte despejado y limpio de nubes. En esto una pequeña nube se descubre en el cielo en figura piramidal, sostenida por una base que parecía sostener una efigie de la imagen de Nuestra Señora. Era día en que se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de la Merced; y cada soldado creyó ver en la indicada nube la redentora de sus fatigas y privaciones; cuya ilusión aumentándose progresivamente, daba más fortaleza a nuestra pequeña línea ya enfrentada con la del enemigo”. (Boletín de la Academia Nacional de Historia; 36; 1ª sección; 406; Bs. As., 1964, citado por Cayetano Bruno en Historia Argentina; Editorial Don Bosco; Bs. As.; Arg.; 1977; P.p. 304 y 305).

¿Acaso se diese una ilusión óptica? 

Se pregunta el historiador y sacerdote católico Cayetano Bruno. Recordemos que el avance patriota, contra toda lógica, había sido sorprendente y demoledor. Muchos de los soldados, inspirados por la visión en el cielo, tomaron coraje y se lanzaron a la lucha sabiendo que el triunfo sería patriota antes de comenzar la batalla.

Hubo otros testigos que dejaron constancia del portento, además de Pardo de Zela. Doña Felipa Zavaleta de Corvalán, por ejemplo, en sus Recuerdos Familiares refiere que la visión de la presunta Virgen en los cielos fue vista incluso por los españoles. “Los mismos prisioneros enemigos decían que a la hora de la acción en la línea del ejército tucumano, vieron  una Señora vestida de blanco, y que les batía el manto sobre los militares. Se cree que esta Señora fue nuestra Madre de las Mercedes (Datos recopilados por Joaquín Tula en Discursos y escritos conmemorativos).

Marcelino de la Rosa, un curioso de la época, enterado que la Virgen se había aparecido quiso saber más. De modo que fue en busca de los protagonistas y comenzó a indagar. En sus Tradiciones Históricas escribe: “Fue debido en su mayor parte a un cúmulo de hechos providenciales, y no a combinaciones militares (el triunfo patriota) por lo que el pueblo lo atribuyó a milagro de la Virgen de Mercedes, porque tuvo lugar el día de su festividad”.

Que algo raro hubo en los cielos ese día no parece haber duda, en tanto y en cuanto el racional y poco afecto a las ideas religiosas como Bernardo de Monteagudo, dice el padre Cayetano Bruno, no tuvo otra que reconocer intervención divina en asuntos puramente terrenales. Tal es así que el 29 de octubre de 1812 mientras disertaba en la Sociedad Patriótica y Literaria de Buenos Aires, admitió que la victoria de Tucumán más que al ingenio y pericia de los hombres, se debía a “una especial providencia del Eterno”.

Belgrano capitalizó de inmediato el fervor supersticioso del pueblo que anteriores expediciones no habían sabido hacerlo. Organizó una serie de reconocimientos destinados a acrecentar el pensamiento religioso y dotar de convicción sobrenatural a los soldados. Un buen modo de incrementar motivación, recurso que aún hoy día apelan no pocos generales.

Ordenó acuñar una medalla conmemorativa que decía en anverso y reverso “Victoria del 24 de setiembre  de 1812” y “Tucumán, sepulcro de la Tiranía” además de proclamar a la Virgen de las Mercedes como Generala del Ejército del Norte. Los días siguientes a la batalla hubo muchas confesiones, la gente comulgaba, la religiosidad católica estuvo al tope del frenesí espiritual cerrándose los homenajes el domingo 27 de octubre cuando se realizó una multitudinaria procesión en la cual el mismo Belgrano deposito el bastón de mando en la imagen de la Virgen el cual se conserva hasta el día de la fecha.

Conclusión

¿Qué vieron los soldados en el día de la batalla? No sabemos con certeza. Que fuera un evento natural atribuido por los soldados y testigos a causa sobrenaturales, seguramente. Pero no parece haber duda alguna que los soldados de ambos bandos vieron algo en los cielos con “semejanza” a mujer. ¿Qué pudo ser?

El escéptico podrá argumentar que, en momentos de gran tensión y nerviosismo, las tropas fueron víctimas de una pareidolia o bien, hubo algún fenómeno atmosférico inusual que motivó creencias populares. Hubo además, suficiente exaltación de los espíritus. Belgrano con sus continuos rezos contagió misticismo, la plaga de langostas que llegó en un momento por demás llamativo al inicio del combate, la humareda de campos prendidos fuego a propósito que se incrementó con vientos fuertes, polvaderal y toda la locura que experimentan los hombres cuando se están matando en lo que se llama campo del honor.

Curioso el dato que aporta Pardo de Zela quien afirma, como testigo del hecho, que al momento de principiar la batalla los cielos estaban limpios a excepción de “una pequeña nube”. Pero esto fue al comienzo del combate. Llamativo resulta que el General Paz, racional y metódico, participante en el combate, no mencione en sus memorias ninguna aparición de la Virgen en los cielos "batiendo" manto sobre las tropas.

Los católicos practicantes podrán afirmar, que en verdad se apareció la Virgen de las Mercedes y otros, con ideas diferentes, que fue un ovni o bien, todo no es más que un invento del pensamiento mágico de esos días, donde el miedo atenazaba gargantas y compungía corazones.

No faltará el suspicaz que argumentará que todo el relato no es sino, invención literaria sacra a la que acostumbra el clero editar, para hacer aparecer a las potencias celestiales como interviniendo en los asuntos del hombre en forma visible y prodigiosa. El lector decide que versión prefiere más.

Bibliografía consultada

Bruno; Cayetano: Historia Argentina; Editorial Don Bosco; Buenos Aires; Argentina; 1977.
Bruno; Cayetano: La Virgen Generala. Estudio Documental; Ediciones Didascalia; Santa Fe; Argentina.
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